lunes, 12 de enero de 2015

Biblioterapia

¿Quieres estar más delgado, ser más rico o más feliz en 2015? Hay libros para ello. Estanterías llenas.

¿Que lo que deseas es que aumente tu eficiencia, tu capacidad de decisión o tu creatividad? También hay títulos para todo eso.

La verdad es que toda buena literatura nos cambia.
Cada vez más estudios sugieren leer ficción como apoyo al enfrentar los desafíos de la vida.


Está probado que la lectura agudiza el pensamiento analítico, lo que nos permite discernir mejor los patrones.

Y esto es una herramienta muy útil ante conductas desconcertantes de otros y de nosotros mismos.
Pero la ficción en particular puede hacerte socialmente más hábil y empático.

Magia para ser mas positivo

El año pasado el Journal of Applied Social Psychology publicó un estudio hecho en Reino Unido e Italia que demostraba cómo la lectura de la saga Harry Potter hacía que los jóvenes tuvieran una disposición más positiva con respecto a minorías estigmatizadas, como los refugiados


Leer para estimular

Aunque prometen una transformación total en siete sencillos pasos, las novelas te pueden informar y motivar, y los relatos breves consolar y ayudar a reflexionar.
Además, está demostrado que leer poesía estimula partes del cerebro relacionados con la memoria.
A veces un autor te ayuda simplemente a evadir de un problema, sumergiéndote totalmente en otro mundo de modo que trasciendes tu realidad. Al volver a ella, te sientes recargado y con más determinación.

El filósofo griego Aristóteles apuntó en su obra "La Poética" que la poesía -término con el que se refería a la ficción en general- es más seria que la historia.
Mientras los historiadores se preocupan por qué paso y cuándo, la ficción nos permite ver lo que pudo haber ocurrido. Eso ejercita nuestra imaginación y con frecuencia también nuestro sentido de la moral.

En ese sentido, "muchas personas, yo misma entre ellas, nos sentimos mejor con el mero hecho de ver un libro", dice Jane Smiley, la autora de "Thirteen Ways of Looking at the Novel".

La lectura como cura

Con todo esto tiene relación directa la biblioterapia.
La practican psicólogos, trabajadores sociales y consejeros de todo el mundo, además de los bibliotecarios.
Se ha convertido en el término de moda en los últimos años, empleado tanto por investigadores como por blogueros.
La escuela de la vida o The School of Life, fundada por el filósofo Alain de Botton y situada en Londres, incluso tiene cuatro "biblioterapeutas" residentes.
Entre ellos están Ella Berthoud y Susan Elderkin, autoras del libro "The Novel Cure: An A-Z of Literary Remedies" (La Cura de la Novela: Remedios Literarios de la A a la Z).
Sin embargo, la noción de los libros como remedio para los trastornos emocionales no es de tan nuevo cuño como se podría imaginar.

Desde la antiguedad

En la Antigua Grecia se colocaban notas en las puertas de las bibliotecas, advirtiendo a los lectores que estaban a punto de entrar en un lugar de curación del alma.

Y en el siglo XIX, psiquiatras y enfermeras le recetaban a sus pacientes toda clase de libros, desde la Biblia, pasando por literatura de viajes, hasta textos en lenguas antiguas.

El Diccionario Médico Ilustrado de la editorial Dorland’s fue el primero en reconocer la biblioterapia, en 1941.

La librería en cuestión es el paraíso del bibliófilo, con su aroma a "papel gastado y cuero" y al tabaco de la pipa de su dueño, el señor Mifflin.

Y Miffin no es sólo un vendedor de libros, también un "practicante de la biblioterapia".
"Mi placer es prescribir libros a los pacientes que acuden aquí y quieren contarme sus síntomas", lo explica él mismo en la novela.

"No hay nadie más agradecido que el hombre al que le diste justo el libro que su alma necesitaba sin saberlo".

Mifflin ya sabía lo que la Universidad de Sussex, en Reino Unido, han intentado cuantificar: que leer es más eficaz para aliviar el estrés que escuchar música, ir a dar un paseo o sentarse a tomar una taza de té.

El nivel de estrés de los participantes del estudio que llevó a cabo el centro se redujo en un 68% a escasos seis minutos de haber empezado a leer un libro cualquiera.

Y es que si el libro es el adecuado, el tiempo que se pasa leyéndolo estará siempre bien empleado.

Ya lo decía un cartel de la librería del señor Mifflin: "La malnutrición de la aptitud lectora es una cuestión seria. Déjenos prescribirle (el remedio)".

Artículo original en inglés: http://www.bbc.com/culture/story/20150106-can-you-read-yourself-happy
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